para regalarchos
mesmo os que non che gustan.
Porque ás veces
parruliño
ámote
ás outras mataríate
ou fuxiría de ti
Para volver
máis nova
máis guapa
máis contenta
e así levarte á festa
que teño na cabeza
e que bailes
ata que me pidas
que che bique os pés.
Curioso el poema que acompaña etsa fotografía. Hace unos meses para mí, esa imagen rezumaba lujuria, una especie de ofrenda de mi propio cuerpo y de mí misma, para otro. Ahora la ofrenda es hacia mí. Ahora veo un cuerpo que se desnuda, un cuerpo que habito.
" -Aún no habitas tu cuerpo
-¿Y dónde estoy?
-Un metro a la izquierda. Siendo infeliz."
Diálogo de Mistress América con el que me sentí identificada. Hay que aprender a habitar el cuerpo.
¿Cuántas mujeres y viven fuera de su propio cuerpo? Desposeídas de sus piernas, sus brazos, su vagina, sus tetas. Somos carne de capital, fuerza de trabajo, esclavas del modelo familiar y al servicio de la castigada y fustigada sexualidad masculina. Sí.
Ahora veo esta fotografía y ya no pienso en nada más que en el acto de desnudarme, de mostrarme, de poseerme y decidir. Me habito. Ya no busco apoyo masculino, para poder validarme o al menos soy consciente de que eso me ocurría y que no era sano, pero por desgracia sí normal. Cuesta decir algo así, pero es bastante común buscar fuera la seguridad. Cuando la seguridad es habitarse a uno mismo, tener presencia y consciencia de cada uno de tus movimientos y ser dueño de tus pensamientos. Decidir mirando por ti, desde dentro hacia fuera y no a la inversa.
Ahora veo esta fotografía y no hay pizca de romance. Sólo de amor propio, de amor a las mujeres y al desnudo, tan natural. Tan prohibido. Tan consumido por otros y negado a nosotras mismas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario