martes, 29 de noviembre de 2016

29/11/16

Mujer.
Vas a encontrarte a muchas personas en tu vida, que van a querer castrar tu sexo sangrante,
rabioso y húmedo. De mil formas, no necesariamente físicas. Que también.
Van a extirpar tu derecho a ser un sujeto potente y sexual, independiente.

Te van a acomodar en la pasividad, la espera al afecto, la atención. Para eso vas a ser entrenada, para agradar. Te van a quitar el placer, de por ejemplo, ser una guarra.

Vas a creer que la felicidad está tras la busca y captura de un alter ego, que suele ir pegado al cuerpo de un hombre y a veces la sombra del mismo, entorpece la visión del hombre.
Hombre que tendrá que cargar con el papel de sustento emocional y económico, o al menos uno de los dos. Ese órgano urinario masculino que marcó tu infancia, cuando tus papás te decías que tenías que agacharte y tu compañero hombre zarandeaba su pollita y lanzaba su chorro con gran potencia a ver si la pis rozaba el cielo.

Tu madre. Mujer.
Va a querer convertirte en una abeja reina digna de tu futura colmena y tus futuras hijas, ella y todo el peso de la feminidad que a ella la han convertido en madre, esposa o mujer, a veces las tres, a veces no, caerá sobre ti con una suerte de venganza y de amor, para que no seas una paria, una lumpen, para que seas una extensión de ella y pueda vivir a través de ti. Porque te quiere, porque la han educado así y ella solo quiere lo mejor para ti. Pero mamá no suele saber lo que es mejor para ti.

Espero que mis hijas no me odien.

Hija.
Vas a encontrarte a muchas personas en tu vida, que van a querer castrar tu sexo sangrante, rabioso y húmedo.

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